Hoy cambio de registro y dejo por un momento mis artesanías.
Me centro en mi libro "Amistad y Picadura" y se me ha ocurrido ir publicando partes de la novela.
Espero que os guste mi idea.
Empiezo con el prólogo, que es lo primero que sucede en la novela y empieza bastante fuerte. Con un homicidio, nada más y nada menos, por parte de la protagonista Marta.
La novela comienza en septiembre del 2001 y coincide con el día de los atentados a las Torres Gemelas.
Septiembre 2001
Marta no comprendía lo que estaba pasando. ¿Cómo había
dado su vida un giro tan enorme?
Hace unos años era una
chica como cualquier otra de su edad que comenzó a trabajar
como secretaria en un bufete de abogados. En estos momentos se encontraba con las manos manchadas de sangre, pero
no era suya. Por más que las miraba, no llegaba a entender
nada. Estaba confusa, no se lo podía creer, ¿qué había pasado
para llegar a ese extremo?
Sus manos temblorosas sujetaban la figura de la Torre Eiffel
que tanto le había gustado cuando Bastian y Marlen se la regalaron como souvenir.
Con ella, acababa de golpear en la cabeza a Bastian cuando estaba en plena pelea con Jaime. Jamás
pensó que aquel preciado regalo —que le hicieron sus amigos
el día que regresaron de Francia— acabaría estrellado contra
la cabeza de Bastian.
Hacía tan solo unos minutos, Jaime y Bastian se enfrentaban en una pelea. Tal como se desarrollaban los hechos, Jaime tenía todas las de perder… Bastian era alto, corpulento…
y diez años más joven. Enseguida acorraló a Jaime y comenzó
a golpearlo. Jaime respondió con un puñetazo… pero Bastian
lo esquivó, aprovechando sus clases de boxeo en el gimnasio.
Bastian golpeaba a Jaime en la cara y en el estómago con fuerza bestial, mientras Jaime apenas podía protegerse.
Marta asistía a ese espectáculo sin saber qué hacer. Al ver
que su amado estaba recibiendo la peor parte —y temiendo
que Bastian pudiera matarlo a golpes—, lo único que se le ocurrió fue coger la figura de la Torre Eiffel que estaba a pocos
metros de ella, sobre una mesita en un rincón del salón. Se
acercó a Bastian, levantó el brazo derecho… ¡y le golpeó en la
cabeza con la escultura! De inmediato, él se tambaleó… y cayó
boca abajo sobre un charco de sangre que brotaba de su nuca.
En segundos, el suelo se tiñó de un rojo intenso…
Marta, que se encontraba arrodillada junto a Bastian, seguía sujetando con fuerza la figura de bronce, estaba en shock,
incapaz de realizar ningún movimiento y de articular palabra
alguna. Lo miraba incrédula… con la mirada perdida, como si
no fuera con ella, con la mente en blanco.
Jaime, cuando se encontraba en plena pelea, momentos
antes había caído al suelo tras los fuertes golpes que Bastian
le había propinado. Al ver lo que acababa de hacer Marta,
intentó levantarse, pero apenas podía moverse. Con mucho
esfuerzo, logró incorporarse y se acercó al lugar donde se encontraba su amada. Entonces intentó arrancarle la figura de
las manos, lo cual le costó bastante trabajo, ya que sus dedos
estaban clavados con total firmeza en ella.
—¡Marta, suéltala y mírame, por favor!
Las palabras de Jaime sacaron a Marta de su letargo. Sus
ojos buscaron en la mirada de su amor esa protección que
siempre había encontrado en él… pero se dio cuenta de que en
ese momento no la sentía. Lo que veía no le gustaba… estaba
junto al hombre que amaba, pero ya no confiaba en él como
antes. Su cara era un poema, un riachuelo de sangre brotaba
de sus labios y el ojo izquierdo estaba hinchado, casi cerrado...
—¡Por Dios, Jaime! ¡¿Qué es lo que acabo de hacer?! ¡Lo he
matado! ¿Qué va a pasar ahora? ¡Dime algo…!
Jaime hubiera querido tranquilizarla como solía hacer la
mayoría de las veces y decirle que lo ocurrido se arreglaría,
que siempre hay una solución… pero en este caso era diferente, y, por desgracia, sabía que la muerte no la tenía. Bastian
estaba muerto… y no iba a resucitar. Tenían que calmarse y
pensar con rapidez en un plan.
—Marta, solo se me ocurre que hay que deshacerse del
cuerpo antes de que llegue Marlen.
—Sí, Jaime, tienes razón, estoy tan aturdida que ni siquiera
me acordaba de Marlen. Son ya las dos de la tarde y ella dijo
que llegaría sobre las tres, después de ir de compras y picar
algo fuera.
Marta empezó a agobiarse… sintió que le abandonaban las
fuerzas… casi no podía respirar. ¡Solo tenían una hora para
esconder el cuerpo y limpiar todo ese estropicio…! ¡Era prácticamente imposible! Con seguridad, cuando llegase, Marlen
los descubriría… y acabarían en la cárcel.
Tras esconder el cadáver y limpiarlo todo, estaban agotados y se sentaron en el sofá. Para disimular, encendieron la
televisión y pusieron Antena 3, su canal habitual. Empezaban
las noticias de las tres y Matías Prats apareció diciendo:
«Enseguida entramos de lleno con la crónica de la mañana, pero antes tenemos que hablar con nuestro corresponsal
en Estados Unidos, Ricardo Ortega. Al parecer, una avioneta
acaba de estrellarse en Nueva York contra las conocidas Torres Gemelas».
En otro momento, Marta y Jaime habrían reaccionado de
otra forma, pero con lo que tenían encima no podían pensar
en otra cosa. Miraban la tele sin prestar atención, hasta que
se vieron las imágenes de una de las torres en llamas. El periodista desde Nueva York informaba que una avioneta había
impactado entre el piso ochenta y el ciento siete, que la torre
estaba envuelta en humo y de las ventanas salían lenguas de
fuego. Decía que tenía poca información y se desconocía si había sido un accidente o un acto terrorista.
Marta y Jaime se miraron atónitos. Al ver las imágenes de
la torre ardiendo, se dieron cuenta de la gravedad del asunto.
Desde lo sucedido con Bastian, ninguno de los dos había tenido valor para enfrentarse a la mirada del otro. En ese momento, Marta miró a Jaime y se percató de las heridas que tenía
en la cara. Uno de sus ojos estaba hinchado y se empezaba a
poner morado; en el labio tenía una raja en la comisura derecha de la cual nacía un hilillo de sangre.…
—¡Jaime, mira cómo tienes la cara!
Jaime se levantó y fue al espejo que había encima de la cómoda. Cuando se vio, casi no se reconocía; tenía muy mala
pinta, pero por motivos obvios no podía ir al ambulatorio a
que lo curasen. Así que le dijo:
—¡Marta, voy al cuarto de baño a ver qué puedo hacer! Si
llega Marlen, tú tranquila, que está todo controlado.
A Marta esas palabras le sonaron muy esperanzadoras.
Volvía a ser el Jaime que ella conocía, del que se enamoró
aquel verano de 1989, cuando empezó a trabajar como secretaria en un bufete de abogados. En ese mismo momento, sus
pensamientos viajaron doce años al pasado y se recordó a sí
misma como una chica de veinte años inexperta, comenzando
su vida laboral después de haber finalizado sus estudios.
Bueno, pues aquí termina el prólogo. En el primer capítulo, Marta es una chica joven, comenzando su vida laboral y a medida que avanzan los capítulos voy contando todos los acontecimientos que suceden en la novela y que hacen que los personajes vayan evolucionando hasta llegar al momento del homicidio. A partir de ahí, para Marta y Jaime comienza una pesadilla de la que será muy difícil escapar.
Os aseguro que es una trama con bastante intriga, poco vista y que mantiene al lector sumido en la historia con ganas de seguir leyendo para averiguar que pasa en cada capítulo.
En la próxima publicación que haga, os adelantaré parte del capítulo I
Pero si lo que habéis leído hasta ahora, os ha atrapado y no queréis esperar a que yo vuelva a publicar, tenéis varias formas de seguir leyéndolo.
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Fijaros que portada tan bonita tiene, todo referente al lugar donde sucede la historia. En Sevilla, cerca del rio Guadalquivir, y en el emblemático barrio de Santa Cruz.